Vence el Mal con el Bien // Miguel Díez
La Llamada a la Santidad
La Palabra de Dios nos exhorta:
1 Timoteo 6:11-12: “Mas tú, hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre. Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado”.
La fe no es simplemente una creencia, sino un compromiso. Es vivir conforme a la voluntad de Dios y apartarse del mal, buscando el fruto del Espíritu Santo y peleando la batalla espiritual con las armas que Dios nos ha dado. La fe sin obras está muerta, por lo que es necesario demostrar nuestra fe con obediencia y entrega a Dios.
El verdadero arrepentimiento implica un rechazo al pecado y un deseo de buscar la justicia de Dios en todo momento.
La Armadura de Dios
La Escritura nos enseña sobre la armadura de Dios:
Efesios 6:13-17: “Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios”.
La lucha espiritual es real y diaria. No peleamos contra carne y sangre, sino contra potestades espirituales. La armadura de Dios nos protege y nos permite avanzar en la fe con valentía. La certeza de la salvación nos libera del miedo a la muerte y nos impulsa a vivir con propósito y determinación.
Vencer el Mal con el Bien
Jesús nos enseñó que el verdadero poder no está en la venganza, sino en el amor:
Romanos 12:21: “No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal”.
La historia personal de Miguel Díez es un testimonio de esto: su esposa perseveró en la oración y el amor, devolviendo bien por mal, hasta que él se rindió ante Cristo. Aunque por años él rechazó el evangelio, su esposa continuó amándolo y demostrándole el poder de la gracia de Dios. Finalmente, el amor de Dios venció su resistencia y transformó su vida por completo.
La Guerra Espiritual
Mateo 11:12: “Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan”.
Esto nos llama a ser valientes en la fe, a defender la verdad y la justicia sin miedo, proclamando la Palabra de Dios sin diluir su mensaje. No podemos ser cristianos tibios o temerosos. Debemos ser guerreros espirituales, dispuestos a enfrentar la oposición del mundo con firmeza y confianza en Dios.
El Amor y la Justicia
Miqueas 6:8: “Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno; y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios”.
Hacer el bien implica actuar con justicia y amor, sin hipocresía ni fingimiento. La verdadera religión no consiste en rituales vacíos, sino en vivir una vida de servicio, compasión y rectitud. Dios nos llama a defender a los débiles, a ser justos en nuestras acciones y a vivir con humildad ante Él.
Romanos 12:9: “El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno”.
El amor verdadero no es superficial ni egoísta. Es un amor que rechaza el mal y busca lo que es puro y santo.
El Poder del Dar
Hechos 20:35: “Más bienaventurado es dar que recibir”.
El verdadero gozo viene de servir y bendecir a los demás. Desde la ayuda a los huérfanos y necesitados hasta la intercesión en oración, siempre hay oportunidades para hacer el bien. Hacer el bien no es una opción para el creyente, sino un mandato. Cada día tenemos la oportunidad de reflejar el amor de Dios a través de nuestras acciones.
El Llamado a la Acción
Salmo 37:27-28: “Apártate del mal, y haz el bien, y vivirás para siempre. Porque Jehová ama la rectitud y no desampara a sus santos; para siempre serán guardados”.
Hacer el bien es más que una acción ocasional; es un estilo de vida. La verdadera victoria en la vida cristiana no es acumular riquezas o poder, sino reflejar el amor de Cristo en cada acción. Dios nos llama a ser instrumentos de Su bondad en el mundo. No debemos cansarnos de hacer el bien, pues a su tiempo cosecharemos lo que hemos sembrado en obediencia a Su voluntad.
2 Tesalonicenses 3:13: “Pero vosotros, hermanos, no os canséis de hacer bien”.
¡No te lo pierdas! Miguel Díez es director de la ONG Remar y fundador de la iglesia Cuerpo de Cristo con obra e iglesias en 72 países.